Colaboración con el diario La Opinión: salir de la depresión navideña

Sylvia Ramírez, Life Coach, PNL, Personal Branding, Diseño de Marca Personal, Asesoría de Imagen, Bogotá, ColombiaPara muchos la navidad, lejos de ser una época de alegría e integración, es un momento especialmente triste de cada año. Perder el miedo a cerrar un ciclo y comenzar otro, así como desmitificar la magia de la fecha, pueden ayudar a llegar con vida al siguiente enero.

Por: Jorge Jiménez (@jimenezpress)

A pesar de las luces, los villancicos, las reuniones familiares y los regalos debajo del árbol, existen personas que en esta época no le encuentran sentido a la vida, se sienten frustradas y hasta consideran suicidarse. El fenómeno responde a la llamada ‘Depresión navideña’ y se trata de la tendencia de entristecerse justo en la etapa más feliz del calendario.

Hacer cuentas pensando solo en las cosas que no se lograron, tener poco dinero comparado con lo mucho que se trabajó, añorar épocas pasadas, no reunirse con la familia para celebrar las fechas especiales o la falta de una pareja estable, hacen parte de los detonantes más comunes que terminan por amargar a las personas en estos días e impedirles que se integren a las fiestas de diciembre.

Sin embargo, la ‘Depresión Navideña’ no existe como enfermedad. Jairo Fernández, sicoanalista de la Universidad Nacional de Colombia, dice que “todo responde a las patologías cotidianas, no tiene que ver con el mes de diciembre. La gente que sufre de depresión suele deprimirse más cuando otros alrededor están felices”.

Otras de las causas que impulsan a un fuerte estado de tristeza navideña es la obsesión de comparar su vida con la de sus amigos y compañeros de trabajo, para luego desconocer los logros personales. En este círculo de la depresión, una persona que no es feliz puede llegar a sentir celos en la oficina por el carro nuevo del jefe, el viaje al exterior de algún conocido o la cantidad de prendas de vestir que tienen sus familiares. “El problema en este caso responde a entender la felicidad como la capacidad de adquisición, y esto afecta el ego y la autoestima. Lo mejor es no pensar, no detenerse en esas cosas que lo llevan a afectarse. Todo es mental, es una decisión que podemos manejar, si nos afectamos por algo o no”, afirma Fernández.

La tristeza se puede controlar

La única forma de evitar sentirse mal estos días, es ser consciente de lo que se tiene, pensar en las cosas positivas como los logros, las buenas relaciones y los momentos satisfactorios de los últimos periodos. Sylvia Ramírez Rueda, experta en Personal Branding, aconseja desmitificar la fecha. “Si no estoy feliz en diciembre no pasa nada. La excesiva presión por experimentar un mes de amor, paz, unión y armonía, puede terminar trayendo un resultado contrario debido a la falta de espontaneidad”.

Otras de las recomendaciones es no aislarse, mantener el contacto con el grupo de amigos o de familiares con quienes se comparte normalmente estas fechas, pues los pares ayudan a que la persona no se sienta sola llenándola de importancia y seguridad. Todo depende de la forma en cómo se relacione el individuo con el mundo, sin embargo, si hay constancia en los estados depresivos, lo recomendable es buscar ayuda profesional.

Para Ramírez, el comienzo del nuevo año puede tornarse en algo angustiante, pues representa un reto inexplorado, una temporada diferente que rompe con la comodidad de lo que se conoce. Para superar esto, aconseja “entender que no es posible detener el tiempo. Hay que enfocarse con energía positiva en lo que sí funcionó y proyectarlo para el año siguiente. No hay que caer en la cárcel mental de pensar en lo que no se hizo, solo trabajar en lo que se puede lograr de ahora en adelante”.

Lo recomendado en este caso es diseñar los proyectos con objetivos posibles para cumplirlos y disfrutar de su complacencia. No hay que plantearse metas difíciles o complicadas que generen frustración, entre más real y viable sea un objetivo, hay mayores posibilidades de alcanzarlo y así no perder tiempo en esfuerzos desmedidos.

Y aunque la Navidad está llena de fiesta, comida y licor, otro consejo importante es no pasar el límite ni llenar los vacios con la celebración extrema de la fecha. La dependencia al alcohol, las drogas y la comida, son en la mayoría de los casos consecuencias de la misma inestabilidad afectiva. “Hay que apartar esa hipersensibilidad emocional que las campañas publicitarias crean entorno a la fecha. Debemos recordar que este es más un tiempo religioso que comercial”, explica Sylvia Ramírez.”

Artículo disponible en la página web del diario La Opinión, haciendo click aquí.

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