El dulce padecer que genera una Marca Personal enganchadora

honeyTodos los seres humanos tenemos (en público o en secreto; en mayor o menor grado) la aspiración de gustar; o, cuando menos, de encajar dentro de los requisitos del gustode alguien o de un grupo de personas o de un segmento de la sociedad.

(Mi palabra preferida para esa intención de gustar es enganchar porque me parece estruendosamente descriptiva. Esa es la que vamos a usar en lo que sigue).

Enganchar es uno de los propósitos iniciales de una Marca Personal y no es tan difícil, pero sí tiene su ciencia. Mis conclusiones preliminares al respecto apuntan hacia un solo lado: la clave es entender cómo se despeja la variable de la ecuación que lleva a un ser humano a preferir algo entre varias opciones similares o equivalentes. En otras palabras, de lo que se trata es de entender qué es lo que llama la atención del cerebro y comenzar a cavar por ahí.

El tema es infinito (menos mal, porque me apasiona) pero, para comenzar, digamos que al cerebro le interesan dos clases de cosas: las novedosas y las que influyen de alguna manera sobre la supervivencia (lo que representa una amenaza o una fuente de seguridad).

Cuando algo (o alguien, por supuesto) nos engancha, lo que ocurrió dentro de la topografía neuronal se realizó en un camino muy cortico y lo que pasó en la práctica es que nos descubrimos en la circunstancia de no poder evitar dejar de hacer lo que estábamos haciendo para poner nuestra atención en eso que nos resultó enganchador.

No hay una única forma de lograr ese efecto, naturalmente. Es más: hay una forma por cada cabeza. No obstante, observando pacientemente a esos que hacen sucumbir nuestras estructuras mentales, se extraen algunas estrategias que podemos implementar.

Aquí va una de mis favoritas:


“Lo que permanece siempre igual no genera peligro”

…Y si no genera peligro, ni nos percatamos de que existe.

Esta es una verdad milenaria que ha sido, a pesar de todo su potencial, mal interpretada muchísimas veces en la historia de la humanidad.

Si bien es cierto a unos les entusiasma el peligro y a otros nos intimida, pero en ningún caso pasa inadvertido (que es lo que queremos evitar), también lo es que hay que poner atención sobre qué es lo que quieres hacer parecer que está en riesgo: tanto en las relaciones personales como profesionales es un error craso (y no por eso menos común) hacer creer al otro (al jefe, a la pareja) que nos puede perder en cualquier momento porque el temor no es un estado sostenible en ningún ser humano más o menos normal.

Esa es una equivocadísima interpretación de este valioso tip de encanto porque todos tendemos espontáneamente a rechazar o rehuir las situaciones en las que nos sentimos amenazados. A nadie le gusta que le pulvericen sus estructuras de valor, ¿estamos de acuerdo?

Por el contrario, el peligro enganchador es ese que producen las personas que se comportan (razonablemente) como si fueran trofeos: “Se comporta como si fuera bella. Ese es el secreto de su encanto”, dijo Oscar Wilde y así sigue funcionando desde siempre.

Cuando te comportas con la consciencia de lo que vales, tu Marca Personal se aprecia de inmediato y estar a tu lado (o tenerte dentro de la organización) se convierte en un privilegio.

¿Dónde está la bolita? Es muy sencillo: en esta inteligente circunstancia, el peligro, lejos de incomodar, pasa a ser un elemento dulce y demencialmente retador: cuando le brindas un entorno de comodidad (una relación personal o profesional estable, sin sobresaltos), el enganchado se va a matar gustosamente la cabeza armando estrategias para retener tu atención y asegurarse de no tener que compartir tus encantos (o destrezas profesionales, según) con alguien más (o en otro proyecto).

Pero, ojo, la honestidad y la buena fe de parte del dueño de la Marca Personal es fundamental. El requisito es que el otro tenga la certeza (y hay que actuar con suma delicadeza porque cualquier engaño o manipulación en ese sentido sería la muerte de tu Marca) de que no perderá su inversión (de tiempo, de energía, de dinero, de lo que sea) en ti.

Lo demás es lo de menos porque compartir es lo que menos nos gusta a los enganchados.

Voilà.

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