“Felicidad” no se escribe con llanto – Columna “Lingotes de Felicidad”, Centro, México

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Todos estamos conectados

Si la vida funcionara como las transacciones de la bolsa de valores, donde para recibir una cosa hay que entregar a cambio otra, ninguno de nosotros habría vivido la mitad de todas las escenas lindas que ha protagonizado, ¿o sí? Veamos: ¿prepagó la gentileza de ese extraño?, ¿remó muy duro para que los colores del atardecer tuvieran ese tono ámbar tan fotogénico?, ¿pasó muchas noches sin dormir para que a ese humano irresistible le pusieran esos ojazos con los que lo mira?

Y, a pesar de que todas esas bellezas pasan –y pasarán- sin nuestra intervención, cuando las estamos disfrutando y no nos cabe más alegría en el pecho, el cerebro (en su afán de sellar cualquier rendija por donde se pueda colar el sufrimiento), interrumpe el trance mágico en el que estamos con la pregunta más floja (y más arruinadora de momentos) que podemos hacernos alguna vez: “¿Con cuánto dolor voy a pagar luego por todo esto tan bueno?”. Ay, no. Ay, ¡no!

¿Por qué [inquirió una lectora de esta columna], cuando todo nos está saliendo bien, nos preguntamos si la vida nos lo va a cobrar más adelante?, ¿por qué uno no puede disfrutar a plenitud esa felicidad que va encontrando?

Porque creemos que ganamos en dignidad pagando las cosas con dolor. Porque pensamos que hay que sumar puntos. Porque no entendemos que las cosas lindas nos pasan por el hecho de ser nosotros. ¿Acaso un padre amoroso, cuando entrega un regalo a su hijito, está pensando “Condenado: ¡vas a pagar por esto!”? ¡NO! Se lo da porque lo ama y lo ama porque es su hijo, punto. Sin exigirle ninguna gracia adicional. Y nosotros, ¿no somos, pues, hijos nacidos de este universo? Lo que funciona en pequeña escala (como el padre que regala el juguete al bebé), también aplica en nuestro caso con La Vida, que se empeña en regalarnos cosas sin que tengamos que aprobar ningún examen.

Recapitule las metas en las que ha tenido éxito. A qué las atribuye, ¿a que las pagó anticipadamente con dolor? ¿Qué tal que sus triunfos se deban a que se ha encontrado en el momento exacto en compañía de las personas precisas, un poco de buena suerte y, por supuesto, su energía nunca dispersa sino condensada en horas de trabajo disciplinado?

Háganos un favor (porque estamos todos conectados): la próxima vez que le pase una cosa bonita, pequeña o grande, ríndase; entréguese al momento sin tratar de descifrar “por qué” fue usted el elegido. Sólo maravíllese por el modo como le pasan las cosas y sonría. Sobre todo sonría, que esa energía sí que se riega por el cosmos. Eso, así, despacito: sienta a cada latido esa naturaleza abundante de la usted y yo hacemos parte y sonría.

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Columna publicada en el periódico “Centro”. Puebla, México, en diciembre de 2016. Enlace a la publicación del periódico haciendo click aquí: 16o lingote de felicidad de Sylvia Ramírez 

Por: Sylvia Ramírez Rueda

Conferenciante internacional de Felicidad y Personal Branding
Coach Ejecutivo – Coach Personal

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