Somos esclavos de lo que nos entretiene – columna “Lingotes de Felicidad”, Centro, México

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Así nos vemos ante lo que nos gusta

El único escenario donde tiene sentido apagar todos los filtros, entregarse al encanto de las apariencias y no tratar de entender el truco, es el espectáculo de un mago. Para el resto de los episodios de su vida le irá mejor si se mantiene dentro de lo que llamaremos aquí un “Nivel de duda razonable”. Comenzando por los generosos diálogos internos que transcurren en su propia cabeza.

Carl Sagan (el esclarecido anfitrión de Cosmos; el científico), dentro de sus muchos aciertos nos advierte que entre más queramos que algo sea cierto, más escépticos tenemos que ser. Y no porque estemos obligados a presentir la maldad en cada humano que se acerca sino porque a los de nuestra especie los caracteriza una debilidad penosa y muy evidente: en silencio estamos dispuestos a entregar lo que sea a cambio de que nos entretengan. Queremos que nos descresten; rogamos que nos maravillen. A cambio derrocharemos con gusto desde tiempo (que es poco y es limitado), pasando por sumas escandalosas de dinero, hasta ceder buena parte de (o toda) nuestra dignidad.

Y este resabio hedonista se complica por el desafío que lo acompaña: el verdadero drama del adulto es su independencia. Para ser de verdad libre hay que medírsele a tomar por uno mismo las decisiones impopulares que antes imponían los papás o los maestros. Por eso antes la vida era fácil; porque lo que nos pasaba no era nuestro problema. Pasados los veinte, quien quiera llegar lejos tiene que aprender a defenderse de sí mismo y de sus apetitos porque por más protegido que uno se sienta tras sus murallas de conceptos y de amor propio, llega un punto de la vida en que a uno le pasan exactamente las cosas que hace que le pasen. Sólo esas.

Y para que le pasen mejores cosas (o al menos para no matarse demasiado pronto en el intento de ser feliz), hay que hacerse preguntas serias; de esas que funcionan como salvavidas; que impiden que nos enredemos en lo que no es. Por ejemplo, ¿se ha preguntado con cuánta fantasía le basta para ser feliz? Admitamos que nuestro viacrucis no se ha trazado tanto con lo que otros nos han hecho sino con nuestras incontrolables ganas de creer. Si una lección debe quedarnos de todo es que para tener más días felices y no sólo una noche intensa y corta, hay que aprender a levantarse de la mesa; hay que tener al menos un bosquejo del mapa personal de riesgos en la cabeza: piense de antemano qué es lo máximo que pagará por un capricho. Y páguelo. Y vívalo. Y góceselo pero hasta ahí: como quien se viste y se perfuma para ir una noche a ver el show del mago pero no se le pasa por la mente casarse con él. Viva su vida como el dueño de su propio teatro; no como la marioneta. Así.

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Columna publicada en el periódico “Centro”. Puebla, México, en enero de 2017. Enlace a la publicación del periódico haciendo click aquí: 19o lingote de felicidad de Sylvia Ramírez 

Por: Sylvia Ramírez Rueda

Conferenciante internacional de Felicidad y Personal Branding
Coach Ejecutivo – Coach Personal

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