“Madurez y Sabiduría” – Sylvia Ramírez

El sinónimo más hermoso de madurez es felicidad porque las personas maduras han entendido que lo normal es ser felices. Y la forma más sencilla de serlo y de fluir en la vida, a menudo consiste en estar sinceramente dispuesto a contribuir con lo inevitable. El ser humano maduro no rema nunca contra la corriente pero siempre encuentra el modo ingenioso de transformar su realidad y de mejorarla… sin consumirse en cruzadas insensatas.

Decir que madurez y felicidad son sinónimos, por supuesto, es una licencia poética que, sin embargo, me he concedido porque la intención de la metáfora lo amerita: los adultos necesitamos entender (o, mejor, recordar) que alcanzar la madurez no consiste en avinagrarse sino en endulzar los pensamientos. Primero, los que se tienen en relación consigo mismo: es hora de dejar de lastimarnos con exigencias de perfección autoimpuestas que no sólo no llevan a ningún lado sino que –sobre todo- nadie está esperando que satisfagamos. Dicho de otro modo, la primera muestra de dulzura que tiene el adulto maduro a nivel personal es la de entender que él es él (o ella) en tanto no es otra persona.

Entenderse como un ser único implica abrazar con serenidad el hecho de que uno es diferente (diferente, más que especial). Sí: cuando uno asume que uno es el que es, de ahí en adelante sólo puede mejorar; pero ya no con la presión de –por fin- dejar de hacer las cosas mal, sino con la asombrosa tranquilidad de quien es capaz de reconocer que el prado del vecino a veces sí es más verde sin que eso comprometa su integridad emocional.

Lo otro que también se les da muy bien a las personas maduras es el arte de tomar decisiones importantes sin tener que convocar un plebiscito para ese efecto. Esa viene siendo a la vez una expresión de sabiduría: estar resuelto a honrar sus sueños; reconocer sus limitaciones y decidir qué quiere hacer con su vida sin preguntar a otro cómo se supone que usted debería sentirse en relación con lo que le gusta, es propio de alguien que ya ha acuñado cierta experiencia (experiencia, que no es lo mismo que resabios).

Claro: cuando la puesta en marcha de nuestro plan involucra a otros, no podemos irnos por la vía de en medio y, sin embargo, teniendo en cuenta que todavía no figura en el código penal el delito de “Porte ilegal de pensamientos”, permítase perfilar sus sueños con toda la fantasía que pueda soportar y por el camino llegue a acuerdos con los demás involucrados para ir cumpliéndolos. Pero busque el modo de hacerlo: en ningún lado dice que es un acto de amor condenar a sus sueños a que nazcan muertos. En asumir sus deseos está su madurez y en concretarlos respetuosamente está su sabiduría.

Por último, y a propósito de sus interacciones con otros sujetos, tenga en cuenta que una persona madura se distingue porque es capaz de crear escenarios de valor con la participación de los demás o, puesto en otros términos, lo que quiero decir es que un indicador muy elocuente de su lucidez emocional está en desprenderse –genuinamente- de la obsesión de ser el único que aparece en la foto al lado de cada logro.

Como pasa con muchas cosas que involucran seres humanos, la reflexión acaba siendo circular: recuerde que el sinónimo de madurez es felicidad, así que en lugar de ir tratando de aconductar a quienes lo rodean o de ir tratando de moldear las circunstancias de una forma específica, anímese a desarrollar un sentido de perfección en las cosas que lo rodean exactamente como son. Entre otras, porque nunca he sabido de alguien que a partir del rencor o del hastío haya podido construir una vida que valga la pena vivir para contarla. Y la suya sí valdrá la pena. Permítame insistir en pensar que sí.

Por: Sylvia Ramírez Rueda

Conferenciante internacional de Felicidad y Personal Branding
Coach Ejecutivo – Coach Personal

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Artículo publicado en la revista “Con Sentido Vital“, edición No.21, enero de 2018

Felicidad de regreso a la oficina

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Así se ve mi mundo desde el 03 de enero

¿Cómo regresar a la oficina sin dejar de ser feliz? Evitando que se nos fugue la energía por la misma rendija de siempre.

Un error que cometemos año tras año y que hace que la vida se sienta igual, es el de exprimir las vacaciones hasta el último minuto, llegar a la oficina afanados y ponernos de inmediato a trabajar. Trabajar es, quizás, lo único que no deberíamos hacer en los primeros días (o al menos en las primeras horas) después de las vacaciones.

Si todavía es posible, dediquemos un espacio importante a la transición (a estabilizar el sueño, la comida, organizar la ropa) y a la planeación. Antes de prender el computador y comenzar a HACER cosas, apartemos un espacio para pensar qué es lo que nos gustaría lograr; que quisiéramos hacer distinto y –muy importante- qué vamos a seguir haciendo igual porque nos ha venido funcionando bien.

A mí me pasó que desde finales de octubre tenía ya comprometida la agenda hasta mediados de febrero y por eso, en realidad, no he tenido vacaciones (no “a mi manera”, por lo menos. Los días que estuve fuera no fueron de descanso y estoy trabajando desde el 03 de enero)… así que casi no siento ni siquiera que haya cambiado el año… pero por lo mismo me he prometido unos días libres en la segunda mitad de febrero. No sé cómo, no sé adónde, pero ahí va a ser.

Si ese es su caso (el de no haber parado), en vez de estar de mal genio por la agenda que no da tregua (estar de mal genio es una posibilidad muy liberadora, claro, pero hay otras cosas que pueden ser más estratégicas), en vez de rezongar, le propongo tres movidas: (i) aproveche la buena onda en la que llega la gente que sí salió para tener algunas conversaciones de alineación de las metas del primer trimestre (pensar en términos de “año” puede ser abrumador); (ii) organice sus metas personales en orden de prioridades –recuerde que el trabajo es un medio; un medio, no un fin- y (iii) prométase una fecha de descanso. Yo no sé si en febrero pueda parar en realidad. No sé si se atraviese un proyecto más chévere. No sé si tenga que cambiar de opinión en ese momento pero lo cierto es que, ahora mismo, pensar y defender las dos semanas que tengo vistas en el calendario, hace que la falta de descanso de ahora sea más abordable.

Para ser feliz no hay una receta pero es verdad que usted sabe cuáles son los ingredientes que mejor le funcionan, así que, ¡adelante!

¡Feliz aterrizaje!

Por: Sylvia Ramírez Rueda

Conferenciante internacional de Felicidad y Personal Branding
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