Maratón de Felicidad – CESA, Bogotá

El pasado 05 de septiembre tuve el gusto de hacer una maratón de ocho horas de felicidad con los estudiantes de los últimos semestres de Administración de Empresas del Colegio de Estudios Superiores de Administración -CESA en Bogotá.

El auditorio estaba compuesto por quienes están a punto de iniciar sus prácticas profesionales. Durante ese espacio hablamos de las herramientas de inteligencia emocional que les servirán no sólo para asumir sino, sobre todo, para disfrutar el inicio de su vida laboral.

Grandes recuerdos; jóvenes excepcionales

El acogedor auditorio del Cesa
El acogedor auditorio del Cesa

Claves de comunicación asertiva – Sylvia Ramírez en “Juntos a las tres”

¿En realidad entendemos al interlocutor?, ¿cómo puedo mejorar mi comunicación?, ¿en qué señales debo fijarme más? – Entrevista para el magazín Juntos a las 3, con la Dra. Carmen Larrazábal y Fabián Mendoza por el Canal Uno.

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Entre “adaptarse” y “resignarse” hay mucha felicidad de diferencia – columna “Lingotes de Felicidad”, Centro, México

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Imagen de Henrik Moses

Si cada uno de nosotros es muy “especial” y la autenticidad es la regla general, tenemos que admitir –aunque nos desinfle un poco- que, en consecuencia, todos terminamos siendo normales; digamos que somos “especialmente normales”: cada quien tiene su encanto y al tiempo es muy parecido a los demás dentro del abanico de las posibilidades humanas. Tomar consciencia de este rasero biológico que nos hace tan similares es algo sumamente vigorizante: nos quita de inmediato el peso de tener que perseguir la perfección que corresponde a la gente que es tan “única”.

En efecto, salvo algunos contados casos que son de verdad sobresalientes (y que serán tan exóticos que aparecen en las noticias –como ocurre con los ganadores de los premios Nobel o con los atletas de altísimo rendimiento que vemos en las transmisiones de los juegos olímpicos, por ejemplo), un espécimen humano es muy similar a otro en lo fundamental. La pasión que he puesto en estas reflexiones sobre el asunto de que toda la gente se parece entre sí se debe a que quiero destacar el resultado práctico de eso en nuestra felicidad: a usted y a mí nos urge entender que está perfectamente bien si los resultados de nuestro trabajo o si el desempeño en los distintos roles cotidianos (en el papel de padre, de pareja, de amigo, etc.) termina siendo apenas normal. Dicho de otro modo, se vale no ser una luminaria. Lo que, en cambio, no está tan bien, e incluso debería dispararnos todas las alarmas, es que la normalidad sea nuestro anhelo; nuestra meta. Perseguir la mediocridad nos oxida el espíritu. Si todo lo que hacemos es limitarnos a soñar con un cupo dentro de los que están en el promedio, ¿con qué motivación vamos a salir de la cama cada mañana?

Hace unos años oí a alguien rezar en voz alta diciendo “Concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor para cambiar las cosas que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”. A propósito de la idea fija de perfección que tenemos en estos tiempos y, a la vez, frente a la trampa con cebo que nos ponen quienes nos invitan a que abracemos la “Aceptación” como lema de vida, tener presente la plegaria que acabo de citar es crucial porque entre “adaptarse” y “resignarse” hay mucha felicidad de diferencia: hay que tener la fuerza para sacudirnos de lo que nos incomoda y serenidad para lidiar con lo que está fuera de nuestro alcance, sí, pero en ese orden: primero hacer todo lo posible para vivir la vida que queremos y después, recordando que somos apenas humanos normales, aceptar lo que no podrá ser de otro modo.

Sabemos que la naturaleza nos ha dado la capacidad de estirarnos o encogernos (tanto de cuerpo como de alma) para sortear una situación que nos supera y esa es una inteligentísima respuesta adaptativa. Pero, ¿renunciar a la felicidad por vivir arrastrando kilos, trabajos, relaciones, el pasado o, en general, cosas que no nos gustan? Ni porque fuéramos gatos y tuviéramos siete vidas.

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Columna publicada en el periódico “Centro”. Puebla, México, el 26 de agosto de 2016. Enlace a la publicación del periódico haciendo click aquí: octavo lingote de felicidad de Sylvia Ramírez 

Por: Sylvia Ramírez Rueda

Conferenciante internacional de Felicidad y Personal Branding
Coach Ejecutivo – Coach Personal
@SylviaRcoaching
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*Imagen: Henik Moses

“Persuasión: el turbo de la Marca Personal” – Novonordisk, Bogotá

Causar un impacto tan profundo que el cliente, más allá de sólo recordar una marca, cambie su comportamiento, exige una estrategia integral de parte nuestra: desde ajustar nuestro diálogo interno, pasando por crear una imagen persuasiva, hasta saber cómo darle las instrucciones para que haga parte de nuestro club de clientes y aliados.

Sobre estos temas tuve el gran gusto de conversar ayer en la reunión nacional del área comercial de Novo Nordisk en Bogotá durante mi conferencia “Persuasión: el turbo de la Marca Personal”, continuando con el ciclo de seminarios de Felicidad, Liderazgo y Personal Branding del laboratorio para este año ??

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Felicidad Corporativa – Sylvia Ramírez en P&M Revista

Me puse felicísima esta mañana cuando recibí la edición de agosto de la revista #P&M (Publicidad & Mercadeo) en la que tuve el gran gusto de colaborar como parte del artículo de felicidad corporativa (p.42-45): “Lo fundamental hoy son las personas”.

Nunca voy a terminar de agradecerles la invitación y las palabras tan generosas que usó Daniel Angulo para introducir mi parte: “Sylvia Ramírez, una abogada bumanguesa que un buen día decidió dejar su profesión para dedicarse a estudiar la felicidad, que está a punto de sacar a la luz su primer libro y que hoy es una reconocida coach de felicidad y marca personal, afirma que (…)”.

Ha sido un honor participar en esta revista que con entusiasmo les invito a leer mensualmente porque su contenido es muy relevante y absolutamente enganchador.

El videoclip de la entrevista está en este enlace: Sylvia Ramírez – Felicidad en la Oficina – P&M revista 
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Revista P&M, agosto de 2016
Revista P&M, agosto de 2016

‘Defender’ no es lo mismo que ‘vengar’ su felicidad – columna “Lingotes de felicidad”, Centro, México

En legítima defensa de la felicidad
En legítima defensa de la felicidad

Hay adultos que cuando toman la resolución de ser felices comienzan a bombardear con arengas de autoayuda y uno a veces no sabe si está ante un sociópata o si sólo es su amigo de siempre pasando por un trance existencial muy duro: “Lo declaro: de ahora en adelante, primero yo y mi felicidad”; “No esperes nada de nadie para que no te decepcionen”; “No necesito a nadie para ser feliz” y así en una progresión alucinante que podemos observar en primera fila por la magia difusora de las redes sociales. Gracias a Facebook (y a Twitter y a Instagram y a todo eso), no sólo sabemos en qué andan los demás sino –cosa que es mucho más interesante-, podemos saber qué piensan las personas de las cosas que les pasan.

Dado que me caracteriza una irresistible curiosidad por la gente, estoy en todas las redes sociales que encuentro llamativas. Y tanto en esas cuentas como en mi oficina de coach el fenómeno que se ve es el mismo: estamos confundiendo la legítima defensa de nuestro bienestar con su venganza. Y no hace falta haber estudiado Derecho para notar la diferencia; sólo hace falta sentirse herido para confundirse. Por eso este es un tema tan importante.

En la vida diaria ocurren cosas que nos causan daño o que podemos intuir con facilidad que nos lo causarán. A todos nos pasa: un ladrón en la calle; un abusador emocional en la oficina o en nuestras relaciones personales; un indiscreto que revela una información que nos avergüenza; alguien que nos engaña, etc. Independientemente de cuál sea la hipótesis que describa su caso, le propongo que imaginemos que usted se encuentra bajo la égida de un jefe maltratador para seguir avanzando en la idea central.

Actuar en legítima defensa de su bienestar significa que usted hará algo para ponerse a salvo de las ocurrencias de su jefe siempre y cuando (i) la agresión esté ocurriendo ahora mismo o se vea venir irremediablemente y (ii) se trate de una cosa que usted, honestamente, sepa que no merece que su jefe le haga.

En tercer lugar, mirando ahora la legitimidad de su defensa, es muy importante que lo que sea que usted haya decidido hacer como reacción al abuso del jefe sea proporcional a lo que él hizo o, mejor dicho, tenga en cuenta que la respuesta contra su jefe será admisible si es mesurada: no sea usted de esos que usan una pistola para matar una mosca porque justo ahí es donde se le complica la vida.

Nos salimos del campo de la legítima defensa y en cambio nos pasamos al de la venganza cuando, siguiendo con el mismo ejemplo y en el mismo orden, tomamos acciones sobre cosas que el jefe hizo ya hace un tiempo (¡a veces años!); o cuando reaccionamos ante cosas indeseables que nos pasaron porque nos las ganamos (pensemos en alguien a quien suspenden por haber llegado borracho a la oficina).

Debe saber que también se está usted vengando si en lugar de salvaguardarse del jefe ruin, busca castigarlo aplicándole su propio sentido de la justicia, devolviéndole un mal a cambio de otro mal. A menos que su trabajo sea el de juez (y ni siquiera así porque los jueces no resuelven sus propios litigios), recuerde siempre que su rol no es el de ir por la vida aconductando humanos a su manera. Nada de eso: el ánimo de venganza es de lo más corrosivo que usted pueda alojar en su corazón y con el corazón corroído no se puede ser feliz.

Los colegas abogados que leen esta columna habrán notado que lo que hice esta vez fue desarrollar los elementos de la legítima defensa como eximente de responsabilidad. En efecto, es una de mis figuras legales favoritas. Funciona con el jefe pero también con el cónyuge, con el hijo, con el hermano, con el colega y/o con el perfecto desconocido.

En resumen, si de verdad quiere ser feliz tenga presente que su necesidad no es fulminar a su jefe. Sé que me arriesgo mucho con lo que voy a decir pero, muy posiblemente, su necesidad es que él deje de importarle tanto. Mueva las fichas que necesite mover en su ajedrez para restablecer el orden de su vida pero no arrase lo que se le salga del libreto. Y tampoco se victimice: a usted no le hace falta un milagro para poder ser feliz. O de pronto sí pero el milagro en ese caso no sería que cambien las circunstancias sino que usted cambiara la forma en que percibe la vida porque, una vez más, querido lector: la felicidad no es una meta, es una decisión.

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Columna publicada en el periódico “Centro”. Puebla, México, el 21 de julio de 2016. Enlace a la publicación del periódico haciendo click aquí: sexto lingote de felicidad de Sylvia Ramírez 

Por: Sylvia Ramírez Rueda

Conferenciante internacional de Felicidad y Personal Branding
Coach Ejecutivo – Coach Personal
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De “Administrar el tiempo” a “Administrar los encantos” – columna “Lingotes de Felicidad”, Centro, México

Mientras “Administrar el tiempo” siga siendo equivalente a “Cómo-hago-para-embutir-más-actividades-en-la-misma-cantidad-de-horas”, vamos a seguir sintiendo que la vida se nos va como agua entre los dedos. No, no y no: usted no tiene que ser tan hiperproductivo como las noticias de sus amigos, a quienes según Facebook les va cada vez mejor en la vida, le hacen creer que necesita ser.

Resulta que para tener mucho dinero; ser muy reconocido en su trabajo; tener un buen cuerpo; estar a la moda (en ropa, música y películas) y vivir enterado de las noticias del mundo (políticas, económicas y de farándula, aparte de los marcadores de los partidos de fútbol), para hacer todo eso a la vez, se necesita mucho tiempo y mucha energía. Y tiempo y energía son los recursos más escasos en la vida de los adultos de hoy. Por eso nos sentimos agotados y de ahí que la pregunta importante no sea “Cómo lograr hacer más cosas en un día” sino “Frente a qué hay que empezar a pensar distinto”. En la vida.

¿Lo importante es estar motivados?
¿Lo importante es estar motivados?

Tanto la ciencia como el sentido común insisten en que cuando hemos logrado satisfacer nuestras necesidades principales, ganar más o menos dinero no hace ninguna diferencia real en nuestra felicidad (hablamos aquí de vivienda, salud, alimentación, transporte, diversión y educación). Cuando estas áreas están cubiertas, tener más dinero no hace una diferencia notoria en nuestro bienestar, básicamente, porque por más billones que usted tenga en el banco no puede desayunar cinco veces en una misma mañana porque se enferma. Así, con esa lógica aplastante.

Con todo y que lo dicho parezca, en efecto, muy lógico, lo cierto es que en la vida real la mayoría de nosotros actúa como si estuviera fanáticamente de acuerdo en sacrificar la salud, la serenidad y las relaciones interpersonales a cambio de lograr más y más cosas. Al mismo tiempo los manuales de liderazgo personal nos alientan a perseguir el ideal del ganador de la vida occidental: fijarse una meta, lograrla y luego fijarse otra más alta y lograrla y así hasta el fin de los tiempos (o hasta el día del retiro forzoso –por pensión de jubilación o por infarto al miocardio porque ambas salidas sirven). La clave de todo, según los entendidos del éxito personal, es que no importa cómo, usted permanezca motivado.

Que ¿“Lo importante es estar motivados”?: por caridad, ¡lo importante es ser felices! Y nadie puede ser feliz sintiéndose drenado, exhausto, sin energía. Nadie está a gusto sintiéndose como un ratón de laboratorio que corre en una rueda que no avanza. Nadie. ¿Entonces?

Mi propuesta en esta ocasión es que en lugar de esmerarse en “Administrar el tiempo” -empeñado en ser más productivo de lo que en realidad necesita ser-, pruebe cómo le va haciendo un ejercicio de Administración de los encantos. Sí: si sabe, por ejemplo, que su talento especial en la oficina es su visión estratégica y sabe que ese es el encanto que su jefe aprecia en usted, pase más tiempo analizando qué está haciendo la competencia y cómo podrían ser más innovadores en su empresa, en lugar de desgastarse tratando de captar nuevos clientes porque lo suyo no es el área comercial. Funciona igual en otros escenarios: si por más que ha tratado no ha conseguido ser un buen chef pero en cambio es un magnífico conversador, en lugar de quemarse [Lit.] por tres horas en la cocina ensayando una receta imposible, compre la comida en un restaurante de camino a casa y dedíquese a disfrutar mientras se luce haciendo de anfitrión de sus amigos u ofrezca varios pasabocas sencillos pero no se mate haciendo más de lo que razonablemente puede hacer.

En suma el recordatorio de esta ocasión es que la vida es muy corta para embarcarse en labores tan fatigosas que al final le hagan sentir que se perdió de la fiesta. En lugar de buscar hacer más, propóngase ser más estratégico administrando sus encantos porque, téngalo muy presente, el día en que un obstinado viva genuinamente feliz lloverá hacia arriba. Se acordarán de mí. 

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Columna publicada en el periódico “Centro”. Puebla, México, 28 de junio de 2016. Enlace a la publicación del periódico haciendo click aquí: quinto lingote de felicidad de Sylvia Ramírez

Por: Sylvia Ramírez Rueda

Conferenciante internacional de Felicidad y Personal Branding
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*Imagen: definicionabc.com

“No me quejo. No me justifico. Punto” – Columna “Lingotes de Felicidad”, Centro, México

Periódico Centro, México, 14 de junio de 2016
Periódico Centro, Mx., 14 de junio de 2016

El concepto de “Poder personal” es una de las puertas más interesantes que usted podrá abrir en su vida. Es interesante porque no se trata de la capacidad de hacer cosas sobrenaturales sino que se refiere al desarrollo de la fuerza prodigiosa que lleva cada ser dentro de sí. “Poder” + “Personal”: dos palabras que rara vez van juntas pero que, si las combina, se lo aseguro, no habrá marcha atrás.

Tener poder personal significa potenciar su habilidad de cambiar la realidad: ser capaz de sanarse; de perseverar; de alcanzar metas; de mantener la paz. (Si está leyendo con atención, de seguro usted estará presintiendo –como también lo estoy haciendo yo mientras escribo- que este asunto tiene mucho que ver con la felicidad. Y así es).

Dado que ninguna cuestión que tenga que ver con la realización del ser humano debe ser abordada como si fuera una ciencia exacta, es necesario anticipar que para desarrollar el poder personal no hay una fórmula mágica. No obstante esto, le voy a contar a continuación qué es lo que ha funcionado no sólo para mí sino para miles de personas que han aceptado este desafío en medio de alguno de mis seminarios.

Al grano: por veintiún días haga el ensayo de repetirse “No me quejo; no me justifico”. Y viva de acuerdo con eso.

El solo hecho de parar de quejarse será ganancia pura porque quejarse no es nada distinto a decir en voz alta que usted no está siendo capaz de lidiar consigo mismo. Grave. Gimotear por cada cosa que le molesta lo hace más vulnerable de lo que cree: lo pone a merced de tanto oportunista del dolor que anda suelto por ahí; le quema energía innecesariamente (y energía vital; no de esa que se estanca en la cintura) y lo expone a generar dependencias hacia relaciones, objetos o sustancias de las que seguramente sea mejor mantenerse alejado.

De otra parte, note que las personas realmente poderosas no viven justificándose. Viven como quieren vivir, sin pasar por encima de nadie y sin explicar cada movida que hacen.

Ahora bien, para que el experimento nos salga al derecho es importantísimo aclarar una cosa: ‘justificarse’ y ‘disculparse’ no quieren decir lo mismo. Ofrecer una disculpa cuando usted sabe que pudo haber actuado de otro modo no sólo es válido sino que es prácticamente indispensable para una convivencia fluida; incluso amorosa. Y, volviendo a mi propuesta, al invitarlo a que deje de justificarse, la idea es que deje de dar explicaciones por cada cosa que usted ha hecho o ha dejado de hacer, en la medida en que se trate de asuntos que legítimamente correspondan a su fuero interno: si no pudo atender el teléfono de inmediato; si no hizo su rutina de ejercicios; si quiso tomar un postre o si se compró esa prenda, por citar algunos ejemplos cotidianos.

Confieso que estaba esperando llegar al final de esta columna para contarle cuál fue el pensamiento que realmente cambió mi vida de lo perfecta que era antes a lo inmensamente feliz que es ahora: convénzase de que está bien si no le gusta lo que se supone que debería gustarle. Lea la frase anterior una vez más para interiorizarla y piense en su vida. Y respire. Y sonría.

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Columna publicada en el periódico “Centro”. Puebla, México, 14 de junio de 2016. Enlace a la publicación del periódico haciendo click aquí: tercer lingote de felicidad de Sylvia Ramírez 

Por: Sylvia Ramírez Rueda

Conferenciante internacional de Felicidad y Personal Branding
Coach Ejecutivo – Coach Personal
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Cada domingo es 31 de diciembre – o “Cuando cambié de vida”

Foto: José Arturo López
Foto: Jose Arturo López

El 3 de junio de 2012 fue un domingo y como los domingos para mí (sentimental de línea dura) son como pequeños treintayunos de diciémbreseses, respiré hondo y finalmente me animé a dejar atrás todo lo que conocía, no en pos de la certeza de que afuera algo mejor me esperaba con los brazos abiertos, sino tras la ilusión de sentirme viva por el sólo hecho de salir a hacer mi propio camino.

En otras palabras, hoy celebro que hace cuatro años, lejos de hacer como el mico que sólo suelta su rama cuando tiene la otra bien agarrada, yo me solté por la sola dicha de soltarme.

Y todavía balanceándome en mi nueva rama sólo miro hacia adelante y sonrío. No más. No sé más.

Con el equivalente en pesos a unos veinte mil dólares en el banco (que eran mis ahorros de toda la vida), mi ropa enrollada dentro de mis carteras, mis joyas en latas de galletas, mis libros y mis discos bien empacados, regresé a la casa de mis papás luego de una conversación absolutamente amorosa y respetuosa con quien fue mi marido por tres años. En el curso de la semana que comenzó ese domingo cambié de estado civil (estaba casada con un hombre maravilloso con quien, sin embargo, tuve que aceptar que no tenía un proyecto de vida en común); renuncié a mi cargo de gerente en la firma de abogados de mi familia y renuncié a los poderes que tenía como abogado. Veintisiete años contantes y sonantes: ese era mi principal activo.

Mi papá, amoroso y lúcido, como siempre, estuvo en silencio unos diez segundos. En fin volvió a enfocarme con los ojos y dijo: “Totis: como yo soy absolutamente ‘Sylvista’, estoy de acuerdo con los cambios que estás haciendo. Ahora lo que quiero es que me digas cuál va a ser tu proyecto de vida. Y no porque necesite que produzcas con qué pagar la cuenta del agua de la casa; ni más faltaba: mientras yo esté vivo a ti no te va a faltar nada. Si quiero que me cuentes cuál es tu proyecto, es por ti; porque quiero saber cuál va a ser tu plan de vida feliz”. Plan de vida feliz. Antes de oír a mi papá hablando de felicidad y de mí en una misma frase esa ni siquiera me parecía una posibilidad.

Para hacerla corta, desde ahí comencé a estudiar en la universidad las cosas que estudiaba por gusto y por mi cuenta desde que tenía unos quince años. En gran parte por eso es que ahora soy tan feliz.

*(En este enlace está el resumen de lo que he estudiado en mi nueva vida pero no se distraiga con eso ahorita; déjeme terminar de contarle el cuento y luego sí. Ver el perfil profesional de Sylvia).

Ahora que ya tengo una historia para contar como emprendedora (en cuatro años son muchos los cafés que uno toma imaginando cuál será la siguiente movida), más que pensar que he sido una persona con suerte, me gusta creer que el Universo (o Dios, o lo que corresponda según el gusto cada quien) me ha ido libreteando las escenas tal como he necesitado vivirlas; no tanto para ir aprendiendo lecciones sino, fundamentalmente, para ir teniendo la ocasión de experimentar verdaderamente quién soy yo.

Digo esto de la buena fortuna porque mi camino como emprendedora ha estado rodeado de circunstancias excepcionalmente favorables: por ejemplo, si bien es cierto mis certezas financieras se limitan a saber cuánto tengo que pagar por mis cuentas cada mes –y nunca sé cuánto voy a ganar o siquiera si voy a ganar algo-, es igualmente cierto que en estos cuatro años no he tenido que preguntarme cómo voy a comer al día siguiente. Y esa es una ventajota que agradezco cada día porque nunca, ni siquiera una vez, he tenido que sentir que hago lo que hago pensando en lo que me van a pagar sino siempre con la felicidad de saber que cuando subo a cada escenario estoy a punto de hacer algo que le da un sentido especial a mi existencia. Eso es importante porque el corazón del emprendedor es una ficha clave.

A pesar de que mi emprendimiento fue algo tardío (porque con veintinueve años estaba comenzando a hacer lo que muchos comienzan a los veintidós: vender el producto de mi vocación, o sea, mis conferencias), al tiempo ha habido decenas de personas influyentes que han creído en mí y me han dado lo único que un emprendedor necesita cuando sabe que tiene algo bueno que ofrecer: una oportunidad. Un micrófono y un proyector en un centro de convenciones. Iniciar una cátedra de Felicidad en una universidad seria. Un espacio en la radio independiente. Siete minutos al aire en vivo en un canal de televisión internacional. Y en la meditación grande de cada domingo miro mentalmente a cada una de esas personas a los ojos (las recuerdo a todas, absolutamente a todas) y desde el corazón les digo gracias. Mil veces gracias.

Y a propósito del corazón y de mi nueva vida y de mi estado civil y esas cosas, ahí voy. Aunque el ensayo que hice de casarme a los veinticuatro años no salió como pensaba y no he vuelto a casarme, sigo creyendo que la vida bonita es en pareja y cuando me invitan a las ceremonias de la gente se anima a contratarse pongo todo mi entusiasmo en desear sincerísimamente que les vaya bien. Tal vez un día la vida vuelva a repartir mis cartas y otra vez sea el turno mío. Ojalá.

En resumen, este 3 de junio siento muchísima felicidad de pensar en el salto que di. Y mis conclusiones preliminares –para quienes estén pensando en hacer algo parecido- son: (i) nada va a salir como usted cree que va a salir; (ii) con toda seguridad el resultado va a ser más chévere de lo que imaginó, con la condición de que se disponga a abrazar la incertidumbre con los brazos –y con los ojos- bien abiertos.

Sé que el camino del emprendimiento no es para todo el mundo (ni hace falta ser emprendedor para ser feliz; ¡qué tal! Esta sólo es una historia de un humano más) pero, por favor, si un rollo como este que le acabo de contar es el suyo, láncese. En fin y al cabo “Sólo los dispuestos a morir, vivirán”.

 

Por: Sylvia Ramírez Rueda

Conferenciante internacional de Felicidad y Personal Branding
Coach Ejecutivo – Coach Personal
@SylviaRcoaching
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Entrevista en Red+Noticias Internacional: el rol de la mujer hoy

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Video disponible en este enlace: Entrevista a Sylvia Ramírez en Red+Noticias Internacional

Nuestra Marca Personal de mujeres se engrandece con ocasión de la maternidad pero es cierto que hoy somos mucho, mucho más que mamás.

A propósito del fin de semana de celebración del día de la madre, tuve la dicha de conversar con mi querida Paula García en la emisión internacional de Red+Noticias sobre el rol de las mujeres en la sociedad actual.

Nuestra cita fue el 6 de mayo de 2016  en el Canal DíaTv (exclusivo de ClaroTv), número 40 (análogo), 107 y/o 1005 (en HD), 7:15 p.m. (Col, -5GMT), o vía streaming en www.redmasnoticias.com

 

Por: Sylvia Ramírez Rueda

Conferenciante empresarial de Felicidad y Personal Branding
Coach Ejecutivo – Coach Personal
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